26 DE DICIEMBRE - TENIENDO TIEMPO PARA ÉL

Por Sister Vassa Larin
Traducido por el Monje Máximo del Monte Tabor

“Jesús le dijo: 'Un hombre daba una gran cena e invitó a muchos. Y envió a su siervo a la hora de la cena para decir a los invitados: [Venid, que ya está todo preparado]. Y todos a una comenzaron a escusarse. El primero djo: [He comprado un campo y tengo necesidad de ir a verlo; te ruego me des por excusado]. Y otro dijo: [Compré cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas; te ruego que me des por excusado]. Otro dijo: [Acabo de casarme, y por eso no puedo ir]. Regresó el siervo y contó esto a su señor. Entonces, irritado el amo de la casa, le dijo a su siervo: [Sal ahora mismo a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres, a los tullidos, a los ciergos y a los cojos...'" (Lc 14, 16-21) 
                          
Por lo tanto, no todo el mundo tiene tiempo para el tipo de compañerismo, comida y entretenimiento que Dios ofrece en Su cena de fiesta. Sólo los pobres, lo lisiados, los ciegos y los cojos terminan viniendo - los que tienen todo el tiempo del mundo, y no tienen ningún para ir. Los "invitados" declinan educadamente, porque "tienen" asuntos, como el trabajo, la familia y el romance, que requieren su atención incondicional. 
  
¿Es necesario ser pobre, o lisiado, o ciego, o cojo para escuchar el llamado de Dios y "encontrar tiempo" para Él? Sí. Es necesario ser "pobre en espíritu", y tener "un corazón quebrantado y humillado" (Sal 50, 17). Quizás irónicamente, a veces el camino hacia "un corazón quebrantado y humillado" es a través de una dedicación sin Dios al trabajo, a la familia o a alguna relación, sea romántica o de otro tipo. Sin Dios en la imagen, una dedicación intensa a un trabajo o una relación puede dejarme con un corazón roto y vacío. Pero esta es mi condición humana sin Dios en primer lugar, porque no soy autosuficiente. 
                  
Hoy debo abrirme a la compañía de Dios, tomando tiempo para ser nutrida por Su palabra. Se me hace tan accesible en el Dios-Hombre Jesucristo, Quien viene a mi mundo en Belén, para cenar con los pobres, lisiados, ciegos y cojos. Hoy, una vez más, traigo mi quebranto y vacío a Su mesa, para ser sanada y llena de Su gracia. "Prueben y vean que bueno es el Señor; bendito el hombre que confía en Él." (Sal 33, 8)

Tomado de COFFEE WITH SISTER VASSA

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